La nueva normalidad

L
Juan Laguna Velez
9 de junio 2020

Decía el torero Marcial Lalanda aquello de “Lo que no pué ser, no pué ser… y además es imposible”. Romanones soltaría el “Jo… qué tropa…”.

Enredada anda lo que se autotitula “izquierda” en mostrar perfil propio, a la vista de la pérdida de actualidad de su ideología (ya en la Historia), con ese olor a naftalina de los armarios no ventilados.

Para ello han buscado unos aliados sorprendentes: aquellos que hace años vienen trabajando desde tareas supuestamente filantrópicas, para hacer un mundo en el que reinen la paz, la armonía y el “buen rollito”, siempre que ellos se mantengan como supremos dirigentes del invento. El problema es que quienes se dedican a esto lo hacen a costa de dinero y compra de voluntades, siempre con el horizonte de unas ganancias superiores. Al fin y al cabo, ellos invierten para algo. Hay un estupendo ensayo de Ludovic Tournés con el título “L’argent de l’influence” que narra cómo desde Rockefeller a Soros, hay un hilo conductor en el mundo de la filantropía mundial. 

El sistema es inventarse un mundo ficticio globalizado, en una distopía que no pasaría más allá de un relato de ciencia-ficción, si no fuera porque la nueva izquierda y gran parte de las nuevas y supuestas derechas, lo han comprado y lo han incorporado a la nueva mitología religiosa del ecologismo (mal entendido), del género (mal planteado) o de otras tantas aberraciones científicas, como es el control de la población desde un darwinismo social que esconde una nueva forma de nazismo. 

Esto supone también la existencia de un lenguaje propio, al estilo del que muchos niños inventan para sus juegos (al fin y al cabo, ellos están en “juego de tronos”), con el fin de ir erosionando o laminando la cultura de la Libertad y del Conocimiento e implantando una propia, cuya banalidad no hace falta señalar, ya que está en las series de la televisión o en las redes sociales (con raras excepciones) o en la doctrina mediática del régimen político. 

Una de las expresiones que más han calado (hasta el punto de hacerlas suyas el mundo empresarial y corporativo) con motivo de la crisis sanitaria, es la de “nueva normalidad” o la de “reconstrucción” nacional, todo ello con un fuerte tufo a nazismo encubierto, desde la empanada mental del “maoísmo”, el “leninismo” y el más moderno “chavismo fascista”. Todos ellos ingredientes del “mito de la izquierda” (o de la “neoizquierda”) que Gustavo Bueno ha sabido diseccionar. Una forma como otra cualquiera de “visualizarse” de nuevo. 

El peligro de todo ello es que, quienes “juegan” con el fuego, no sólo acaben quemándose ellos, sino que puedan provocar daños irreversibles a la sociedad con sus experimentos. Que el juego infantil (que nada tiene de inocente), acabe siendo un verdadero infierno totalitario, regido por el capricho de unos adolescentes irresponsables y fatuos. Unos “neo-illuminatti” entusiasmados con una misión mística basada en los “cómics” de sus fantasías, que traten de imponer como la “nueva normalidad”. 

“El infierno está lleno de buenas intenciones”, es un dicho popular que debiera hacernos pensar en si estamos dispuestos a vender nuestra humanidad actual a cambio de ese mundo de transhumanidad que ya se nos está imponiendo. Si estamos dispuestos a tirar por la borda el escaso libre albedrío que nos queda, a cambio de someternos a los caprichos cambiantes de unos cuantos que preparan nuestro infierno para no estar solos.

Piensan que es más fácil el dominio sobre la ignorancia y por eso la cultivan con esmero. Una “contracultura” mitificada por el dinero viene desde hace muchos años introduciendo el rechazo a lo clásico (por antiguo) y la promoción de cualquier cosa que ellos creen nueva. Todos se sienten creadores de algo que siempre ha estado allí y ha sido desechado por su escasa calidad. Cuando alguien ignora (por ejemplo) lo que fueron los “encuentros” culturales de Pamplona allá en los años 70 del pasado siglo, es lógico que su “ocurrencia” crea que está marcando nuevos hitos en la historia de la Cultura. 

En su soberbia por el manejo del poder, se permiten por eso “crear” nuevas lenguas a partir de algo tan frívolo como la aplicación de conceptos ya existentes. La palabra “nueva” significaría en todo caso algo diferente, inédito y novedoso, mientras que “normalidad” significaría lo contrario (un “superoxímoron” en toda regla “tía”… ¿sabes?). En las parejas homosexuales se han empeñado por el contrario en usar el anacronismo del concepto “matrimonio” donde uno tiene el papel de “marido” o “esposo” y otro el de “marida” o “esposa”, en lugar de ser llamados simplemente “compañero” o “compañera” (mucho más “izquierdoso” o “izquierdosa”). Al fin y al cabo, han vuelto a la “normalidad” de papeles en la pareja: marido (el masculino) y “marida” (el femenino), con sus correspondientes connotaciones de desigualdad. “Un pasito p’alante y dos pasitos p’atrás..” Lo llaman progreso.

Lo más sorprendente es cómo el mundo académico que debe velar por estas cuestiones parece ponerse de perfil en lugar de salir al paso de las aberraciones que se están cometiendo con algo tan importante como la lengua y su incidencia en la comunicación humana. Los venerables académicos parecen haberse plegado también al pragmatismo subvencionado del Estado (que no del gobierno) y se adaptan a lo que haga falta. Así nos va.

About the author

Jesús de Dios
Jesús de Dios

Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Jubilado. Empresario Export-Import Sector Servicios. Diplomado en Direccion y Desarrollo de Empresa. ( IESE - Universadad de Navarra) Diplomado en Direccion de Marketing. (ESADE)
Fue Presidente de la ejecutiva del CDS de Majadahonda (1986 a 1991)

Add Comment

Últimas entradas